Las Meninas
Conocida popularmente desde
el siglo XIX como Las Meninas, el cuadro fue
titulado originalmente como La familia de Felipe IV
y es, probablemente, la obra más importante del
pintor español Diego Velázquez. Es una pintura
realizada al óleo sobre un lienzo de grandes
dimensiones, con las figuras representadas a tamaño
natural. Aunque no tiene firma ni fecha, por fuentes
indirectas se data en 1656. Se halla expuesta en el
Museo del Prado de Madrid.
Es una de las obras pictóricas
más analizadas y comentadas en el mundo del arte. El
tema central es la infanta Margarita de Austria,
aunque la pintura representa también otros
personajes, incluido el propio Velázquez. El artista
resolvió con gran habilidad todos los problemas de
composición del espacio, la perspectiva y la luz,
gracias al dominio que tenía del color y a la gran
facilidad para caracterizar a los personajes.[1] Un
espejo representado al fondo de la pintura refleja
las imágenes del rey Felipe IV de España y su esposa
Mariana de Austria, según unos historiadores,
entrando a la sesión de pintura, y según otros,
posando para ser retratados por Velázquez; en este
caso sería la infanta Margarita y sus acompañantes
los que venían de visita para ver la pintura de los
reyes.
Contexto histórico y artístico
Velázquez pintó este cuadro en 1656, año
perteneciente al reinado de Felipe IV, penúltimo
monarca de la dinastía de los Austrias. Hacía más de
diez años (1643) que había tenido lugar la caída del
valido Conde-Duque de Olivares, y ocho años (1648)
del final de la Guerra de los Treinta Años con el
resultado de la Paz de Westfalia cuyas consecuencias
para España y el reinado de Felipe IV fueron una
clara decadencia. En el año en que Velázquez pintó
Las Meninas, el rey estaba ya muy envejecido y con
evidentes signos de cansancio bien demostrados en la
obra del mismo autor, Retrato de Felipe IV (entre
1656 y 1657). Fue en este año de 1657 cuando
Inglaterra y Francia pactaron el reparto de las
posesiones españolas en Flandes, comenzando un duro
ataque contra la monarquía española, que terminó con
la derrota de Dunkerque por parte de Felipe IV y la
firma del Tratado de los Pirineos en 1659.
En cuanto al arte pictórico,
Velázquez tuvo contacto en estos años cercanos a Las
Meninas con Francisco Rizzi que en 1655 fue nombrado
pintor del rey y en 1659 trabajó en la decoración
del Salón de los Espejos del Alcázar junto con
Carreño y bajo la supervisión de Velázquez. Juan
Carreño de Miranda fue amigo y protegido de
Velázquez aunque pertenecía a una generación más
joven. Dos años después de terminado el lienzo de
las Meninas, en 1658, se encontraban en Madrid junto
con Velázquez los grandes pintores Zurbarán, Alonso
Cano y Murillo. Zurbarán testificó y tomó parte
activa en el proceso que finalmente permitió a
Velázquez ingresar en la Orden de Santiago.
El título
Este lienzo figuraba en los inventarios del Alcázar
de Madrid. En el inventario de 1666 aparece con el
título de El Cuadro de la Familia que se recoge con
el texto de:
Cuadro de la familia real que
representa a la infanta Margarita con sus damiselas
de honor y una enana.
Con el título de La familia de Felipe IV aparece en
el inventario del año 1794.
Más tarde, aparece catalogado en
el Museo del Prado en 1843 por su director José de
Madrazo con el nombre de Las Meninas, título que
tuvo un gran éxito literario y que ha perdurado
hasta nuestros días. Dicho título se le puso al
cuadro en referencia a dos personajes que aparecen
en él y apoyándose en la descripción que hace de la
obra el pintor y escritor Antonio Palomino de
Velasco (1653-1726) en su obra Museo pictórico.
Cuenta el señor Palomino en esta obra que «dos
damitas acompañan a la Infanta niña; son dos
meninas». La palabra «menina» es de origen portugués
y es el equivalente a «paje» en femenino. Llamaban
así a las hijas de personajes de la nobleza que
entraban en Palacio como doncellas de honor de las
Infantas y las acompañaban en su séquito a todas
horas. Sólo recibían este apelativo hasta que les
llegaba el momento de la puesta de largo, así pues
eran siempre damas muy jóvenes.
Otros títulos que aparecen en los
inventarios son: La Sra. emperatriz Infanta de
España con sus damas y criados y una enana donde se
retrató el pintor a sí mismo pintando (por
referencia a la Infanta Margarita, futura emperatriz
de Austria) y La Infanta María Teresa (siendo tal
referencia equivocada) en el año 1747, donde se tasa
por un valor de 25.000 doblones.
Infanta Margarita de Austria, personaje central de
Las Meninas.
Antonio
Palomino escribió una biografía muy extensa y llena
de pormenores del pintor Velázquez. Muchos de los
datos los obtuvo de lo que le iba contando Juan de
Alfaro, un pintor que había sido discípulo de
Velázquez en los últimos años de su vida. Siguiendo
la lectura de dicha biografía, en el tercer volumen
intitulado El parnaso español pintoresco laureado,
se pueden saber algunas circunstancias del cuadro.
La pintura se terminó en 1656,
fecha que encaja con la edad que aparenta la infanta
Margarita (unos cinco años). Felipe IV y la reina
Mariana solían entrar con frecuencia en el taller
del pintor, conversaban con él y a veces se quedaban
bastante tiempo viéndole trabajar, sin protocolo
alguno. Esto era algo muy repetido en la vida normal
de Palacio y Velázquez estaba acostumbrado a estas
visitas. El lugar donde trabajaba Velázquez era una
sala amplia del piso bajo del antiguo Alcázar de
Madrid que había sido el aposento del príncipe
Baltasar Carlos, muerto en 1646, diez años antes de
la fecha de Las Meninas. Cuando el príncipe murió,
reutilizaron esta estancia como taller del pintor.
Es precisamente este lugar el que aparece retratado
en el cuadro, por eso el ambiente que puede verse es
cotidiano y familiar.
Según el inventario redactado
tras la muerte de Felipe IV (1665), el cuadro se
hallaba entonces en su despacho, lugar para el que
fue pintado. Estaba colgado junto a una puerta, y a
la derecha se hallaba un ventanal. Se ha conjeturado
que el pintor diseñó el cuadro expresamente para
dicha ubicación, con la fuente de luz a la derecha,
e incluso que lo pensó como un truco visual: como si
el salón de Las Meninas se prolongase en el espacio
real, en el sitio donde el cuadro se exponía.
En el incendio que destruyó el
Alcázar de Madrid (1734), este cuadro y otras muchas
joyas artísticas tuvieron que rescatarse
apresuradamente; algunas se recortaron de sus marcos
y arrojaron por las ventanas. A este percance se
atribuye un deterioro (orificio) en la mejilla
izquierda de la infanta que, por suerte, fue
restaurado en la época con buenos resultados por el
pintor real Juan García de Miranda. El cuadro
reaparece en los inventarios del nuevo Palacio de
Oriente, hasta que fue trasladado al Museo del
Prado. En 1984, en medio de una fuerte controversia,
fue restaurado bajo la dirección de John Brealey,
experto del Museo Metropolitano de Nueva York. La
intervención se redujo más bien a eliminar capas de
barniz que habían amarilleado y alteraban el efecto
de los colores. El estado actual de la pintura es
excepcional, especialmente si se tiene en cuenta su
gran tamaño y antigüedad.
Numeración de los personajes de Las Meninas.
La
numeración de los personajes corresponde a la que
aparece en la ilustración de la derecha.
* 1- La infanta Margarita, la primogénita de los
reyes, es la figura principal. Es la única
superviviente de los varios hijos, que fueron
naciendo y muriendo, y que hasta la fecha habían
tenido los reyes.
La infanta Margarita fue la
persona de la familia real más retratada por
Velázquez, ya que desde muy joven estaba
comprometida en matrimonio con un pariente materno,
y se enviaban, cada cierto tiempo, retratos
realizados por el pintor para informar a Leopoldo I
sobre el aspecto de su prometida. Se conservan de
ella sobresalientes retratos en el Museo
Kunsthistorisches de Viena. La pintó por primera vez
cuando no había cumplido los dos años de edad. Ese
cuadro se encuentra en Viena y se considera como una
de las joyas de la pintura infantil.Velazquez la
presenta vestida con el guardainfante y la basquiña
gris y crema (falda exterior con pliegues en las
cadera),tiene cinco años y está acompañada de sus
meninas y de otros personajes.
* 2- Doña Isabel de Velasco, hija
de don Bernardino López de Ayala y Velasco, VII
conde de Fuensalida, y Gentilhombre de Cámara de su
Majestad. Contrajo matrimonio con el duque de Arcos
y murió en 1659, tras haber sido dama de honor de la
Infanta. Es la menina que está en pie a la derecha,
vestida con la falda o basquiña de guardainfante, en
actitud de hacer una reverencia.
* 3- Doña María Agustina
Sarmiento de Sotomayor, hija del conde de
Salvatierra y heredera del Ducado de Abrantes por
vía materna de su madre Catalina de Alencastre, que
contraería matrimonio más tarde con el conde de
Peñaranda, Grande de España. Agustina pleitearía por
sus derechos a suceder en el Condado de Monterrey.
Es la otra menina, la situada a
la izquierda. La Infanta ha pedido un poco de agua
para beber y doña María Agustina le ofrece una
bandeja con un búcaro, es decir, una vasija hecha de
arcilla porosa y perfumada que refrescaba el agua.
La menina inicia el gesto de reclinarse ante la real
persona, gesto propio del protocolo de palacio.
* 4- Mari Bárbola, entró en
Palacio en 1651, año en que nació la infanta y la
acompañaba siempre en su séquito, «con paga,
raciones y cuatro libras de nieve durante el
verano». Es la enana hidrocéfala que vemos a la
derecha.
* 5- Nicolasito Pertusato, enano
italiano, está a su lado y aparece golpeando con su
pie a un mastín pintado en primer término, con aire
tranquilo. Nicolasito llegó a ser ayuda de cámara en
Palacio.
* 6- Doña Marcela de Ulloa, era
la Camarera Mayor (o guarda mayor de la princesa)
viuda de don Diego de Portocarrero y madre del
famoso cardenal Portocarrero y antes había servido a
la condesa de Olivares. Está colocada en la pintura
detrás de doña Isabel. Va adornada con tocas de
viuda.
* 7- El personaje que está a su
lado, medio en penumbra, es un guardadamas pero no
lo menciona Palomino en su relato, aunque los
estudios recientes aseguran que se trata de don
Diego Ruiz Azcona, prelado vasco de familia hidalga
que fuera obispo de Pamplona y arzobispo de Burgos,
ostentando el cargo de Ayo de los Infantes de
España.
A
la izquierda del cuadro, se encuentra el pintor
delante de una gran tela; se considera que este es
el mejor autorretrato de Velázquez. Sobre su pecho
se encuentra, pintada posteriormente, el emblema de
la orden de Santiago.
* 8- Don José Nieto Velázquez (tal vez pariente del
pintor) es el personaje que se ve al fondo del
cuadro, en la parte luminosa, atravesando el
corredor por un vano cuya puerta abierta nos muestra
los típicos cuarterones tan de moda en aquellos
tiempos. Este señor fue jefe de la Tapicería y
Aposentador de la reina. Como dice el crítico de
arte Harriet Stone no se puede estar seguro si su
intención es entrar o salir de la sala.
* 9- A la izquierda y delante de
un gran lienzo, el espectador ve al autor de la
obra, Velázquez. Está de pie y mantiene en sus manos
la paleta y el pincel, en una actitud pensativa,
como si examinase a sus modelos antes de aplicar
otra pincelada. Está trabajando rodeado de unos
personajes cuya identidad se conoce totalmente.
* 10 y 11- Felipe IV y su esposa
Mariana de Austria, en la lejanía del cuadro, se
reflejan en un espejo detrás del pintor. Los reyes
están entrando en el aposento o quizá Velázquez está
pintándolos. Se hallan "fuera del cuadro", más o
menos en el lugar donde está el espectador. Es un
truco que nos integra en la pintura, fusionando
realidad y apariencia.
Otros elementos
En primer término se puede observar un perro, un
mastín español, está en una actitud de reposo, sin
inquietarse ni siquiera cuando siente el pie del
enano Pertusato.
Por encima del espejo en el que
se reflejan los reyes se ven dos cuadros. Son copias
realizadas por Juan Bautista del Mazo de Minerva y
Aracné, de Rubens, y Apolo y Pan, de Jacob Jordaens.
Ambos cuadros se hallaban efectivamente en dicho
salón, según documentos de la época; pero se cree
que Velázquez los reprodujo porque esconden
alusiones a la obediencia debida a los reyes y al
castigo que acarrea incumplirla. También
representan, de una manera simbólica, la
superioridad de las artes, un oficio noble, sobre el
trabajo artesanal. En aquella época, Velázquez
dedicaba esfuerzos para conseguir la distinción de
caballero de la Orden de Santiago, ya que a los
pintores en España, se les trataba como simples
artesanos, a diferencia de otros países (como
Italia), donde los monarcas y pontífices les
concedían el reconocimiento de grandes cortesanos.
Velázquez nos presenta en esta
obra la intimidad del Alcázar de Madrid, y con su
maestría nos hace penetrar en una tercera dimensión:
el espacio, plasmado más con luces y sombras que con
líneas de perspectiva. Se suele decir que Velázquez
llegó a plasmar la perspectiva aérea: que «pintaba
el aire». Esto es así ya que conoció libros de
óptica y además observó el efecto que la distancias,
la luz y demás agentes ejercían sobre las formas y
colores. Hay que precisar que con su actual
ubicación e iluminación en el Museo del Prado, Las
Meninas no muestra plenamente dicho efecto, pues
requiere una luz más tenue y focalizada, la habitual
en los salones palaciegos. Anteriormente la obra
había estado en una pequeña sala bajo luces
dirigidas, pero fue cambiada de lugar en atención al
incesante flujo de turistas y grupos guiados.
María Agustina Sarmiento de Sotomayor, menina real,
en Las Meninas.
A pesar de la gran cantidad de historiadores de arte
que han buscado una significación definitiva,
mientras no aparezca documentación concluyente, es
preciso admitir que ninguna interpretación
individual podrá dar respuesta a los problemas
implicados en Las Meninas. Varios historiadores
opinan que, como buena obra barroca, esconde varios
mensajes solapados, que únicamente el público al
tanto de los asuntos de la Corte podía captar.
La interpretación más fácil es
describir la imagen como una escena habitual en
palacio. Según Jonathan Brown,la escena representa
el momento en que la infanta Margarita ha llegado al
estudio de Velázquez para ver trabajar al artista.
En algún momento antes de que suba el «telón» ha
pedido agua que ahora le ofrece la dama arrodillada
a la izquierda. En el instante en que ésta le acerca
a la princesa una pequeña jarra, el rey y la reina
entran en la habitación reflejándose en el espejo de
la pared del fondo. Una a una, aunque no
simultáneamente, las personas congregadas comienzan
a reaccionar ante la presencia real. La dama de
honor de la derecha que ha sido la primera en
verlos, empieza a hacer la reverencia. Velázquez ha
notado también su aparición y se detiene en medio
del trabajo. Mari Bárbola no ha tenido tiempo
todavía de reaccionar. La infanta, que estaba
mirando a Nicolasito Pertusato jugar con el perro,
mira de repente hacia la izquierda, en dirección a
los reyes, aunque su cabeza permanece todavía vuelta
en dirección al enano. Esta es la razón del extraño
efecto de dislocación entre la posición de la cabeza
y la dirección de su mirada. Agustina Sarmiento,
ocupada en servir agua a la princesa, no se ha dado
cuenta todavía de la presencia de los reyes, lo
mismo que le acontece a la señora de honor en
conversación con el guardadamas, que acaba de
percatarse.
A partir de tal descripción,
empiezan a proponerse posibles mensajes o
simbolismos. Uno de los más creíbles (por no decir
evidente) es que Velázquez estaría reivindicando la
nobleza de la pintura, lo cual obsesionaba a los
pintores del siglo XVII.[15] En aquella época, la
pintura era subestimada como una profesión sujeta a
impuestos, como todas las que se dedicaban a los
oficios artesanos. Esto no ocurría en Italia, donde
los pintores eran tratados como creadores cultos; El
Greco, que había trabajado en dicho país, vivió en
sus carnes la poca estima que merecían los artistas
en España. Velázquez querría proclamar la nobleza de
su arte cometiendo una "osadía": se incluyó a sí
mismo en un retrato de la familia real, ocupando un
puesto destacado y relegando a los reyes a una
imagen diminuta. Pero hay que precisar que la
presencia de los reyes no es "real", sino un
reflejo; los reyes están en la sala con el pintor,
pero no a su lado sino a cierta distancia. De este
modo, sin violentar el protocolo, Velázquez alardea
de su posición en la Corte y reclama para la
profesión de pintor un tratamiento acorde como
servidor del rey. Como dice Tolnay:
Las Meninas son como un manifiesto sobre la pintura
como arte liberal.
La presencia tan destacada de la infanta Margarita
se ha interpretado como una alusión política, pues
ella era la única descendiente con opciones de
heredar el trono. Su hermana mayor María Teresa iba
a casarse con el rey de Francia y eso la excluía del
trono español. De acuerdo con esta situación,
algunos sugieren que el reflejo de los reyes en el
espejo es un símbolo de apoyo o ejemplo que la
infanta ha de tener en cuenta para su futuro.
Finalmente, ella no heredó el trono pues Felipe IV
llegó a tener un heredero varón (Carlos II).
Otra hipótesis más arriesgada,
avanzada por Ángel del Campo y Francés en los años
70-80, sugería que Velázquez había introducido
acertijos de Astronomía, al ubicar los personajes de
acuerdo con una constelación de estrellas
("Margarita Coronae") cuyo centro se llama Margarita
(como la infanta situada en el centro).
También se han interpretado
algunos personajes como alegorías; así, la enana
Mari Bárbola tiene una bolsa de monedas en las
manos, elemento incongruente salvo que simbolizase
la Codicia.
El enano Nicolasito Pertusato,
que molesta al perro, sería el Mal, importunando a
la Fidelidad. Aunque esta interpretación parezca muy
osada, es cierto que el Mal consta en tratados de
iconografía como un personaje vestido de rojo, y el
perro es símbolo de Fidelidad y de alerta ante los
peligros. Hay que recordar, además, que Velázquez
poseía libros de iconografía en su biblioteca, como
el de Cesare Ripa; incluso se sabe con certeza la
edición que poseía, ya que antes de que pintara Las
Meninas se hicieron seis ediciones de este libro.
Esquema geométrico de composición de Las Meninas.
Amarillo: ejes del centro de la imagen. Azul: eje
del tercio de la imagen. Verde: Punto de fuga
geométrico. Rojo: Punto de fuga de los Reyes.
En Las Meninas se puede estructurar el cuadro en
diferentes espacios. La mitad superior de la obra
está dominada por un espacio vacío, en el que
Velázquez pinta el aire. Hay además, un espacio
virtual hacia donde mira el pintor y en el que se
supone que están los reyes o los espectadores. Otro
espacio importante es el del punto de fuga del fondo
del cuadro, muy luminoso, donde un personaje huye de
la intimidad del momento. Un cuarto espacio es el
pequeño espejo que refleja a los reyes; y
finalmente, está el espacio delimitado por la luz
dorada que se aprecia en las figuras de la infanta,
las meninas, la enana y el perro. Son espacios
reales y virtuales que conforman la realidad
fantástica del cuadro.
Una de las características
principales de la pintura es su carácter misterioso
que conduce a establecer diferentes principios de
interpretación. El desacuerdo existe ya en la
primera acción que está describiendo el cuadro. Las
Meninas son:
* Un retrato de la Infanta. La Infanta llama la
atención de otras figuras, tiene una posición
central en el cuadro y, además, existe una tensión
especial en relación al foco brillante.
* Un autorretrato de Velázquez. El pintor aparece
como una torre y destaca sobre las otras figuras de
la pintura.
* Un retrato de grupo o familiar. Además, está
presente la pareja real como un reflejo que surge de
la superficie del espejo situado en la pared del
fondo.
Por otro lado, el hecho de que la mayor parte de las
figuras miren hacia fuera del cuadro provoca que se
distingan diferentes puntos de vista luminosos a
partir de un foco al cual las figuras dirigen sus
miradas:
1. la pareja real que es mirada por el espectador.
2. el espectador.
3. el espectador que se considera
en una superficie de espejo grande.
También se formula la pregunta sin respuesta de qué
cuadro estaba representando el pintor, cuadro del
que el espectador solo ve la parte de atrás. Hay
varias interpretaciones posibles:
1. el pintor representa a la pareja real, que está
en el área no visible.
2. el pintor representa a la
infanta.
3. el pintor se representa a sí
mismo.
4. el pintor está pintando este
mismo cuadro, Las Meninas.
Detalle de la puerta del fondo donde se encuentra
José Nieto, punto de fuga del cuadro.
Muchos artistas del Renacimiento emplearon la
sección áurea en sus dibujos, por ejemplo el gran
maestro Leonardo Da Vinci. Ya en el año 1509 el
matemático Luca Pacioli, publicó el libro De Divina
Proportione[26] y en 1525 Alberto Durero publicó
Instrucción sobre la medida con regla y compás de
figuras planas y sólidas, donde describe cómo trazar
la espiral basada en la sección áurea con regla y
compás, que se conoce con el nombre de "espiral de
Durero". Velázquez, en la composición áurea de su
cuadro Las Meninas, lo ordena con la mencionada
espiral, cuyo centro está situado sobre el pecho de
la infanta Margarita, marcando con ello el centro
visual de máximo interés y el significado simbólico
del lugar reservado para los escogidos, como era
tradición en Europa, que el monarca ocupara el lugar
central y de privilegio en las ceremonias. No hay
que olvidar que en el momento de la creación de la
pintura, la infanta Margarita era la persona más
indicada como sucesora al trono, ya que Felipe IV no
tenía en ese momento ningún hijo varón.
El punto de fuga de la
perspectiva está detrás de la puerta donde se
encuentra José Nieto; precisamente, allí es donde va
la vista en busca de la salida del cuadro; la gran
luminosidad existente en este punto provoca que la
mirada se fije en ese lugar.
A pesar de los siglos que han
pasado desde que se pintó, la calidad técnica del
cuadro, con el tratamiento de la textura fina y las
pinceladas que parecen compactas aplicadas con una
gran maestría, hace posible que no se observe casi
ningún craquelado en todo el cuadro. Las medidas
originales del lienzo, fueron ligeramente retocadas
en una primera restauración en la que el cuadro se
volvió a entelar. En el borde superior y el lado
lateral derecho se puede detectar las señales que
dejaron los clavos que fijaban la tela al bastidor;
fue recortada por el lado izquierdo y se hizo un
pequeño doblez para hacer posible la nueva sujeción.
Parece que se perdió muy poco trozo de la orilla.

Velázquez utilizó los blancos de plomo sin casi
mezclas en diversos puntos del cuadro, como en las
camisas, los puños de Mari Bárbola o la manga
derecha de Agustina Sarmiento; lo hizo con un toque
rápido y decidido que consigue el reflejo de las
vestiduras y adornos, como en el caso de la infanta
Margarita o en la camisa del propio pintor. En los
cabellos de la infanta y en sus adornos, también se
aprecia el arte de la pincelada del maestro.
En las cuatro figuras femeninas
del primer término se observa un tratamiento
similar; los vestidos denotan la categoría y la
clase de tela de cada uno de ellos. En el caso de
Nicolasito Pertusato, la definición queda más
desdibujada. Velázquez empleó toques de lapislázuli
sobre todo en el vestido de Mari Bárbola, y lo hizo
con objeto de conseguir reflejos en el color
profundo de este vestido.
Detalle de Las Meninas. Espejo del fondo donde están
reflejados Felipe IV de España y Mariana de Austria.
La estructura espacial y la posición del espejo
están dispuestas de tal manera que parece que Felipe
IV y Mariana, se encontraran delante de la infanta y
sus acompañantes, con el observador del lienzo.
Según Janson, no solamente la infanta y sus
sirvientes están presentes para distraer a la pareja
real, sino que la atención de Velázquez se concentra
en ellos mientras pinta su retrato.
Aunque sólo se pueden ser
reflejados en el espejo, la representación de la
pareja real ocupa un lugar central en la pintura,
tanto por la jerarquía social como en la composición
del cuadro. La posición del espectador en relación
con ellos es incierta. La cuestión es saber si el
observador de la pintura está cerca de la pareja
real, o si los reemplaza y contempla la escena con
sus propios ojos; es una cuestión que genera
polémica. La segunda hipótesis es, para saber cual
es el objetivo de la atención de las miradas de
Velázquez, de la infanta y de Mari Bárbola, que mira
directamente hacia el observador de la pintura.
En Las Meninas se supone que la
reina y el rey están fuera de la pintura, y su
reflejo en el espejo los sitúa en el interior del
espacio pictórico.El espejo, situado sobre el triste
muro del fondo, muestra lo que hay: la reina, el rey
y, según las palabras de Harriet Stone, las
generaciones de espectadores que han venido a tomar
el sitio que la pareja tiene en el cuadro.
Los personajes reflejados en el
espejo están elaborados de manera más rápida y con
una técnica esbozada. Un espejo sobre el muro del
fondo refleja los bustos de los reyes, que quizás
estaban posando para ser retratados, y son
sorprendidos por la visita de su hija y sus
acompañantes. Una hipótesis alternativa del
historiador H.W. Janson es que el espejo refleja la
tela de Velázquez, tela que ya tiene pintada con la
representación de los reyes.[35]
Probablemente Las Meninas han estado influenciadas
por la tela de Jan van Eyck, El matrimonio Arnolfini.
Cuando Velázquez estaba pintando Las Meninas, el
cuadro de Van Eyck formaba parte de la colección de
palacio de Felipe IV y Velázquez, sin duda, conocía
muy bien esta obra. En El matrimonio Arnolfini de
manera similar, hay un espejo en la parte posterior
de la escena pictórica, que refleja dos personajes
de cara y una pareja de espalda. Aunque estos
personajes son muy pequeños para poder ser
identificados, una hipótesis es que una de las
imágenes corresponde al pintor, justo en el momento
de entrar a pintar. Según Lucien Dällenbach.